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Acabo de dejar visto para sentencia el Cocidito de hoy y, aún con el mandilón puesto, la pinza en la nariz y los nardos apoyaos en la cadera, he salido a escape hacia esta página, la más reciente adquisición de mi colección de esclavitudes razonablemente voluntarias. No soy capaz de decidir si en estos saltos con doble tirabuzón de oca a oca hay más del patético bígamo estresado de los astracanes de Arturo Fernández o de Tom Sawyer escondiéndose del mundo en la caseta clandestina construída en lo más alto de un árbol. Y esas son sólo dos de las alternativas...
A lo largo del mes menos un día que ha pasado desde que escribí la primera línea de este criptograma con clave abierta, me he visto sucesivamente como una navaja suiza (sólo que pincho y corto más bien poco), un malabarista manco, una copia borrosa del Doctor Jeckyll y Mister Hyde, un cruce de Petra Criada para todo con Plurilópez, una de esas maquinillas cuya primera hoja apura mientras la segunda afeita, el aceite lubricante más famoso y, si me pongo macabro, ese asesino en serie del que al ser detenido sus vecinos comentan que parecía una buena persona. A falta de un mejor diagnóstico que le pida a Imanol Querejeta, de momento es una multifrenia llevadera y hasta divertida según me haya sentado el último café. Como esas parejas que perduran porque casi no se ven, tal vez tenga más posibilidades de envejecer a mi lado si paso la mayor parte del día alejado de mi mismo.Releo las últimas palabras y compruebo, como el ludópata que acaba de pulirse otros cien euros diez minutos después de prometer que lo ha dejado, que no he medido uno de los riesgos de esta trampa para elefantes que es escribir con cierta regularidad: no diferenciar (por ponerlo en títulos de Tom Sharpe) entre Reunión tumultuosa, El bastardo recalcitrante, Lo peor de cada casa o Exhibición Impúdica. Me da miedo especialmente la última posibilidad porque un narcisista de mi estatura y mi fotogenia resultaría tan deprimente como una antigua Miss Mundo con varices o, sin ir más lejos, como un presidente del Banco Mundial con tomates en los calcetines.
Quiero decir que si puedo elegir título, me voy a Graham Greene y me quedo, a pesar de los manoseos cercanos y recientes, con El Factor Humano. Sé que, una vez más, es este maldito gen de salmón que me inocularon y me hace empeñarme en ir por donde los demás vuelven, porque en mi profesión lo que se ha llevado toda la vida, como en sastrería la raya diplomática, es el modelo evax: tipos con y sin alas cuya auténtica forma de ser no se nota, no se mueve ni traspasa las ondas. Para mi es un fraude a gran escala porque nos pasamos la vida casi mendigando la confianza de los que están al otro lado para luego pagarles en chapas de la Babcock o, lo que es lo mismo, con Don Simón servido en botellas de Remelluri. Siempre me ha tentado dar nombres y apellidos de esos encantadores de serpientes que, cuando se apaga la luz roja, dejarían por buena persona a Hannibal Lecter. Probablemente lo haga algún día, pero no hoy... porque dentro de nada tengo que vestirme otra vez de mi mismo para salir y contaros que vuelve a ser sábado y que, si queréis, tenemos unas cuantas horas para escucharnos.
1. Sobre el cocidito: la canción no es de Gabinete, sino de los estomagantes Hombres G.
Publicado por: iñigo - 03.02.07 13:04:51
2. A mi se me ocuure que un nombre podría ser Matías Prats y es que estoy hasta las narices de que este sinsustancia sea, encima, el comunicador más valorado de la piel de toro. Por cierto, Gabinete tampoco encajaba con la ideología de los del cocidito, pues Jaime Urrutia confesó hace poco que lo de ultraderecha y rancia defensa hispánica era, tan sólo, una pose juvenil.
Publicado por: Jose - 04.02.07 10:46:32
3. Algunos valoramos mucho precisamente eso: que en tus programas no rija el piloto automático (que es lo más fácil y aséptico), sino que sea una persona con sus opiniones, defectos y virtudes la que escuchamos. Ya sabes: intentar quedar bien con todos es la mejor forma de no quedar bien con nadie. E intentar hacer un programa que guste a todos, una receta segura para hacer (a disgusto) algo que no gustará a nadie.
Ojalá puedas mantener el rumbo, sin que te desvíen demasiado los jefes o clientes.
Y cuando te jubiles, queremos un libro con esos cotilleos de las "radio stars".
Publicado por: oier gorosabel larrañaga - 04.02.07 16:09:23
Fernando Alonso es tonto - Fernando Alonso - 2008-11-14 02:18:56
Mudanza - JASONE - 2008-11-02 17:51:14
Mudanza (temporal) sin acarreo - Javier Martinez - 2008-10-31 20:09:28
¿Molan las ikastolas? - NIMAIL - 2008-10-10 00:07:39
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