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Siempre que puedo, me escapo, y salvo desgraciada sorpresa de última hora o inopinada llamada al orden, todo parece indicar que un año más he encontrado el modo de librarme de esa pastosa pesadilla informativa llamada ARCO. No lo proclamo con orgullo, porque tampoco es cuestión de alardear de las incapacidades -y ser nulo para comprender las vanguardias artísticas debe de ser una de ellas-, pero sí con unos miligramos de sensación de victoria en la eterna partida de futbolín que jugamos los que tratamos de tener agenda propia con quienes pretenden calzárnosla sin anestesia. Palmamos noventa y nueve de cada cien veces, pero en esta ocasión podemos levantar los brazos porque no hemos tenido que ser cómplices de la subasta de peines al por mayor que se celebra hasta el lunes en la Feria de Madrid, sí, del mismo Madrid con el que en otras ocasiones nos ponemos tan tiquismiquis por aquí arriba.
Me pareció genuino el cabreo veteado de una cierta impotencia que expresó el último sábado José Antonio Pastor ante la perspectiva de una nueva sesión del Parlamento de las Ondas fotocopiada de las quince anteriores. Sus lamentos por el hartazgo que decía estar percibiendo en la calle consiguieron el extraño efecto del consenso, matiz arriba, matiz abajo, entre sus compañeros de tenida política, mientras yo tragaba saliva frente a un orden del día en el que cuatro de los cinco puntos anotados eran diferentes enunciados del mismo asunto, puñetera casualidad, ese que provoca el hastío.
A partir de ahora consideraré con más simpatía el comentario relativamente frecuente sobre el parecido físico que guardo (o él conmigo, no te fa...) con Andreu Buenafuente. Confieso que tengo tres o cuatro fotos que nunca enseño, justamente, para que no me vengan con la martingala, pero los penúltimos acontecimientos van a servir para que esas imágenes vuelvan a un álbum que -esa es la pega- todavía no tengo. Incluso me propongo aguantar más del minuto y medio que a día es hoy es mi récord sin hacer zapping ante el programa del catalán, cuya ingeniosa melaza no debió de hacerse para la boca de este asno, servidor, que en su segura incultura humorística no distingue esa presunta fina ironía de la chabacanería sin destilar de los Morancos. Pero lo de salirle respondón a Federico tiene mérito, si señor, salvo que uno se pregunte, como ha hecho el encantado de conocerse aludido, por qué ha tardado dos semanas en rechazar el micrófono de oro para no tener el mismo juguetito que el niño malo de la clase.
Cuando Rodríguez Zapatero aún calentaba —sin grandes esperanzas de prosperar, por cierto— banquillo en la oposición, Raúl del Pozo se mofaba en una columna muy divertida de los malos ratos que pasaba el entonces aspirante sin futuro durante las sesiones de control al gobierno de Aznar. El título de aquel artículo, Bambi teme a los miércoles, hizo tanta fortuna que sirvió también para encabezar, levemente retocado, un libro donde el veterano periodista recogía sus últimos escritos. Con su permiso, y aprovechando que le debo una porque él también echó mano del Cocidito como coartada para llenar un puñado de líneas, le tomo prestado su hallazgo, aunque sea a la contra, para proclamar que pese a que sean mis lunes, los oyentes de Más Que Palabras han conseguido que me encanten los miércoles.
Es injusto que hasta la fecha ningún periodista haya ganado la Medalla Fields, que por un asunto —cuentan las malas lenguas— de cuernos de Alfred Nobel, es el mayor reconocimiento mundial en el campo (árido, por cierto) de las matemáticas, junto con los recién inventados galardones Abel. Puede que la mayoría de nosotros seamos incapaces de distinguir un logaritmo neperiano de una pastilla de avecrem o que nos manejemos mejor con las derivas que con las derivadas y con los integristas que con las integrales, pero ya le gustaría al cerebro más luminoso de Princeton, Harvard o Cambridge hacer con los números el fino encaje de bolillos que logramos sin despeinarnos los esforzados del teclado. ¿Quién, antes que los de nuestro gremio, había sido capaz de demostrar que 130 es menos que uno?
Acabo de dejar visto para sentencia el Cocidito de hoy y, aún con el mandilón puesto, la pinza en la nariz y los nardos apoyaos en la cadera, he salido a escape hacia esta página, la más reciente adquisición de mi colección de esclavitudes razonablemente voluntarias. No soy capaz de decidir si en estos saltos con doble tirabuzón de oca a oca hay más del patético bígamo estresado de los astracanes de Arturo Fernández o de Tom Sawyer escondiéndose del mundo en la caseta clandestina construída en lo más alto de un árbol. Y esas son sólo dos de las alternativas...
Me gusta... - Marian Aguirre - 2008-06-28 13:44:09
Hugo de la Calzada - creditos - 2008-06-27 11:52:45
Injurias a España - Óscar López - 2008-06-15 21:49:14
Tiempo de caramelos - ricardo venegas - 2008-06-11 00:47:50
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