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31.01.07

Cuando hago el saludo inicial los domingos a las nueve y cinco de la mañana, aún suele bullirme en la cabeza la columna de Xabier Lasa sobre los que surfeamos con mejor o peor fortuna en las ondas. Sus comentarios, antes en el añorado Egunkaria y ahora en Berria, acompañan mi segundo café de máquina (en los buenos tiempos, también el quinto o sexto cigarrillo) mientras lamento haberme perdido algunos fragmentos de los que escribe, coincido o discrepo sobre otros que sí he escuchado, me sonrío o enarco las cejas ante las menciones a mis compañeros de Radio Euskadi o a mi mismo y, como conclusión casi siempre final, tengo la certidumbre de haber aprendido algo.


Todo esto, cultivado en años de practicar el mismo rito dominical, se había traducido en mi en un sentimiento de proximidad y de respeto que esta mañana se ha multiplicado por infinito cuando me he encontrado en el correo con su firma en un monumental trabajo sobre el impacto de la guerra de 1936 en Andoain titulado Historia Oral: la voz dormida en la memoria


Estábamos al corriente de su publicación, e incluso habíamos barajado posibles huecos en el programa, pero no imaginábamos que se trataba de una obra tan impresionante como nos ha revelado un vistazo a sus casi seiscientas páginas trufadas con los nombres y las fotografías de las centenares de víctimas (acaso los que ahora explotan en régimen de monopolio la palabra les nieguen tal condición) primero de las armas, luego de la propaganda y, por fin, del silencio. No es un libro de Historia, sino de historias: de esas miles de historias cambiadas o, peor aún, truncadas para siempre por la fuerza y condenadas a no ser contadas jamás.

 


Haberlas rescatado testimonio a testimonio, documentarlas, ilustrarlas y dejar constancia escrita de ellas va más allá del acto de justicia al que solemos apelar, casi como tópico, cuando hablamos de los que trabajan a pie de obra o de fosa contra la desmemoria. También es un signo de resistencia frente a los que pretenden calzar un punto final donde todavía se imponen unos dolorosos puntos suspensivos y no digamos frente a los que empiezan a contarnos con la desvergüenza que se estila en estos tiempos que todo aquello ni siquiera ocurrió.


Bregar contra los unos (contemporizadores) y contra los otros (directamente falsificadores) es una tarea extremadamente complicada, que demasiadas veces desemboca en el desánimo o en el hastío. No está demostrado que sean más, pero sí que sus altavoces son infinitamente más potentes y que su capacidad para mentir sin sonrojarse no sabe de límites. Como entonces, están mejor equipados para el combate y, como entonces, nada detendrá su maquinaria para exterminar, en este caso, la verdad.


El libro impulsado por Oroituz Andoain 1936 y firmado por Xabier Lasa nos da una clave de cómo tiene que ser esa lucha desigual: nombre a nombre, vida a vida, testimonio a testimonio, historia a historia. Es el camino que nos mostró el colosal esfuerzo volcado en el legendario trabajo de AFAN Navarra 1936, de la esperanza al terror y el que, más modestamente pero con igual ardor, honradez y rigor, han seguido mis compañeros Iñaki Berazategi y Javier Domínguez en 1936. Memoria de la guerra en Euskadi. Cada uno de esos títulos, que han contado con la colaboración definitiva de extraordinarios historiadores, llega donde los trabajos puramente académicos no llegan: a la misma epidermis de quienes leyendo la suerte que corrió alguien de un lugar que probablemente sólo conocen de paso, tienen la sensación de que exactamente eso es lo que pasó en su pueblo. Como se dice en la contraportada de Historia Oral: La voz dormida de la memoria, son crónicas locales, pero no localistas. Sumándolas todas, tendremos un retrato aproximado de lo que ha ocurrido en los últimos setenta años.




Comentarios:

1. Otra obra imprescindible es la que se publico ( aralar liburuak) en el 98 en 8 tomos bajo la dirección de Iñaki Egaña, con el titulo. 1936: Gerra zibila Euskal Herrian. Nos cuenta ese periodo de nuestra historia pueblo a pueblo, protagonista a protagonista.
Publicado por: entzule - 02.02.07 19:18:30


2. Hola a todos, disculpen que mi comentario no tenga mucho que ver con el artículo; pero les escribo a ustedes contandoles lo siguiente. Soy argentino, mi bisabuela se llamó Isabel Otegui Iruretagoyena, y nació en 1901 en ANdoaín; emigrando a la Argentina en 1915. Me gustaría establecer contacto con personas relacionadas con los apellidos Otegui e Iruretagoyena. Si alguien está interesado, responda a mi comentario y luego nos ponemos en contacto. Saludos a todos.
Publicado por: Iván Riberi - 27.03.07 05:38:14

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Sobre mi
Un día fui el más joven de la redacción de Radio Euskadi, pero de eso han pasado 18 años largos y ni sé la cantidad de destinos: desde comentarista semanal de la prensa rosa a columnista pretendidamente ácido, cronista local o reportero de Unidad Móvil, pasando por boletinero informativo de madrugada y hasta infiltrado en la sección de Deportes.
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