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14.01.07

Espero que Javier Sádaba, que ayer nos ventiló con su pensamiento eternamente fresco el cuarto de los invitados políticos, no se moleste si confieso que él no era nuestra primera opción a principios de semana. En realidad, siempre tenemos al filósofo jarrillero en la recámara, pero como ya había estado en MQP hace relativamente poco tiempo y una de las cien mil normas no escritas del programa aconseja no repetirnos mucho, en la anárquica reunión de los miércoles donde esbozamos los contenidos barajamos otro ramillete de nombres.

 

 

No los identificaré, porque sería poco elegante, pero sí enumeraré algunas de sus características comunes: se trata de personas no asociables a siglas, de discurso tan cálido como brillante, con probado afecto por esta tierra, preocupadas (cuando no directamente comprometidas) en la búsqueda de la paz y, sobre todo, cercanas, porque sentíamos que en estos tiempos de zozobra necesitábamos voces con el efecto del Vicks VapoRub que nos ponía ama en los días de lluvia y frío. Coinciden, además, en el aprecio sincero que sabemos que nos profesan en su condición de oyentes y, a la postre, ha acabado uniéndolos otra circuntanscia: todos nos han pedido que apartásemos de ellos ese cáliz... al menos por el momento.

 

 
Puedo asegurar que han sido las calabazas más dulces que nos han dado nunca. Acostumbrados a las excusas de vodevil y/o a los rechazos bañados en prepotencia que nos atizan algunos reponsables de gabinetes de prensa (¡ojo, no todos son así!) en su probable convicción de que o bien nacimos ayer o bien somos unos tocapelotas que solicitamos entrevistas por jorobar, hemos recibido como una bendición las cariñosísimas palabras que han acompañado cada una de las negativas, basadas en la razón más sólida y a la vez humilde que se pueda encontrar: “Siento que no tengo nada que decir.”


El manual con que se conducen muchas ladillas que comparten esta profesión conmigo dice que en casos así hay que optar por la insistencia del monaguillo del chiste y tirar por el camino del chantaje pelotero (“Con lo grande que tú eres, ¿cómo no vas a tener nada que decir, maestro?”), del chantaje emocional (“No te imaginas la putada que me haces: de esta, me echa el Director”) o del chantaje a secas (“Ya me necesitaras algún día. Arrieritos somos...”). Huelga decir que no formamos parte de esa casta que confunde invitar con obligar y pedir con extorsionar, así que ni siquiera amagamos una mínima presión. Sabemos que un día, seguramente muy pronto, tendremos la oportunidad de conversar con quienes nos han pedido cuartelillo por ahora.


No se lo reconoceremos en público entonces, porque sería delatarlos, pero quisiera que esas personas supieran lo agradecidos que estamos por lo que nos han enseñado sus negativas llenas de afecto. En lo puramente profesional, yo he aprendido que deberíamos inventar un nuevo género periodístico, algo así como la No entrevista, pues esos silencios reflexivos aportan más que dos docenas de charlas preñadas de las palabras de siempre. En lo personal, me he sentido más que reconfortado al comprobar que gentes que me centuplican en méritos, experiencias y capacidad de expresión, comparten conmigo esta sensación de desasosiego oceánico, de incomodidad infinita en la propia piel que, por pura prudencia, invita a quedarse callado, simplemente porque no hay nada que decir. La faena en nuestro caso es que cada fin de semana tenemos que poner en fila india las suficientes palabras como para llenar diez horas de radio...




Comentarios:

1. Nada q decir... o.. tal vez demasiado q decir... pero no es el momento...
La esperanza es lo último q debe perderse..y no la perderé..
Publicado por: Mele - 14.01.07 10:21:09


2. Saludos Javier:

No me das ninguna envidia: aunque las diez horas de programa son de contenido diverso, tener que dedicar dos o tres a nuestro laberinto inverosímil tiene su tela.

La frase que resume todo esto la escribió Hasier Etxeberria en su blog (también la citó Anjel Lertxundi):

"Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento". Charles Baudelaire.

P.S.: gracias por poner un enlace a mi blog.


Publicado por: iturri - 14.01.07 12:34:35

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Sobre mi
Un día fui el más joven de la redacción de Radio Euskadi, pero de eso han pasado 18 años largos y ni sé la cantidad de destinos: desde comentarista semanal de la prensa rosa a columnista pretendidamente ácido, cronista local o reportero de Unidad Móvil, pasando por boletinero informativo de madrugada y hasta infiltrado en la sección de Deportes.
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