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Cuando hago el saludo inicial los domingos a las nueve y cinco de la mañana, aún suele bullirme en la cabeza la columna de Xabier Lasa sobre los que surfeamos con mejor o peor fortuna en las ondas. Sus comentarios, antes en el añorado Egunkaria y ahora en Berria, acompañan mi segundo café de máquina (en los buenos tiempos, también el quinto o sexto cigarrillo) mientras lamento haberme perdido algunos fragmentos de los que escribe, coincido o discrepo sobre otros que sí he escuchado, me sonrío o enarco las cejas ante las menciones a mis compañeros de Radio Euskadi o a mi mismo y, como conclusión casi siempre final, tengo la certidumbre de haber aprendido algo.
Todo esto, cultivado en años de practicar el mismo rito dominical, se había traducido en mi en un sentimiento de proximidad y de respeto que esta mañana se ha multiplicado por infinito cuando me he encontrado en el correo con su firma en un monumental trabajo sobre el impacto de la guerra de 1936 en Andoain titulado Historia Oral: la voz dormida en la memoria.
Antes de censarse en la tierra de los horteras de bolera cantando Qué buena estás Carolina y cosas peores, Pedro Ruiz tuvo media docena de golpes de humor dignos de recuerdo. De entre todos, yo me quedo con un momento de una imitación del Manuel Fraga Iribarne recién disfrazado de demócrata-de-toda-la-vida en que, con la vena hinchada marca de la casa del villalbés, advertía: Franco no está muerto, sólo está batiendo el récord mundial de contener la respiración.
Guardo como una de las satisfacciones impagables que me ha dado Más Que Palabras la posibilidad de charlar durante veintiséis minutos con Ryszard Kapuscinski. No exagero si afirmo que en ese tiempo aprendí bastante más sobre mi profesión que en las centenares de horas que invertí, ya hace unas cuantas lunas, en el lugar donde me dieron el título para ejercerla con todas las bendiciones burocráticas y ninguna preparación práctica real.
No recuerdo quién me lo dijo, pero lo tengo muy presente: Lo tuyo es como empezar una maratón esprintando. Se refería, como habrán adivinado los más cafeteros de entre los seguidores de Más Que Palabras, a esa mezcla de chachachá, kaxarranka y batukada salvaje que inaugura cada fin de semana nuestro carné de baile bajo el nombre (un tanto pomposo, lo reconozco) de Parlamento de las Ondas. Estoy seguro de que muchas de las canas que van colonizando mis patillas han nacido en ese espacio que, pese a nuestros esfuerzos onomásticos, ocho de cada diez oyentes siguen llamando la Tertulia Política de Radio Euskadi.
El mayor pecado por el que se me pedirán cuentas en el hipotético Juicio Final es haber empujado (involuntariamente, conste) al mal camino radiofónico a unas cuantas decenas de personas, tal vez centenares... De acuerdo: pueden ser miles. Como pienso defenderme al estilo Charles Laughton en Esta tierra es mía, empezaré mi autoalegato recordando que cuando el sueño de mi razón alienada produjo ese monstruo que llamamos Cocidito, era imposible prever que entre sus efectos secundarios estaría crear una legión de yonkis de la faltada a los que nuestro concentrado les sabe a poco y tienen que chutarse en vena federiquina en estado puro.
Espero que Javier Sádaba, que ayer nos ventiló con su pensamiento eternamente fresco el cuarto de los invitados políticos, no se moleste si confieso que él no era nuestra primera opción a principios de semana. En realidad, siempre tenemos al filósofo jarrillero en la recámara, pero como ya había estado en MQP hace relativamente poco tiempo y una de las cien mil normas no escritas del programa aconseja no repetirnos mucho, en la anárquica reunión de los miércoles donde esbozamos los contenidos barajamos otro ramillete de nombres.
Este fin de semana nuestro lema será... eeeemm... Pensándolo bien, mejor no nos metemos en territorios pantanosos, no sea que no alcancemos consenso en el equipo y acabemos compareciendo mañana a las nueve con cinco pancartas o, peor aún, optemos todos por quedarnos en casa, mientras Angels fleta autobuses para hacerse cargo de los oyentes huérfanos. Está decidido: las diez horas de radio que nos aguardan no atenderán a etiquetas, marchamos, emblemas, eslogans, ni por supuestísmo —aunque sé que ganas no faltan— consignas. Al fin y al cabo, cada cual sabe por qué va a estar ahí y qué se espera de ella o de él. Si una sola frase, por más afortunada que sea, puede resumir lo que somos, es que somos muy poquita cosa.
El cocidito del pasado sábado incluía la sobrada de mayor calibre que hayamos cosechado en los siete años que llevamos como jornaleros en los campos minados del dial. La pusimos como fin de fiesta de una edición especial que pretendía recoger los bocados más sabrosos que hemos ofrecido en lo que va de curso y, para mi sorpresa, no ha suscitado la menor reacción de las sufridas y los sufridos comensales. ¿Nos habremos vuelto definitivamente inmunes? A fecha de hoy, es mi hipótesis más plausible, pues no encuentro otro modo para explicar que, prácticamente en la misma franja horaria, recibamos media docena de llamadas tras un debate sobre la ley del tabaco y cero después de escuchar a un fulano diciendo que Monseñor Setién se merecía dos tiros.
En realidad, los cambios vienen de saque porque, a la vista del panorama, hemos tenido que suspender las vacaciones a los contertulios del Parlamento de las Ondas y buscarnos entrevistados (Carlos Garaikoetxea el sábado y el mediador Mateo Zuppi, el domingo) que pudieran ayudarnos a comprender mejor el último capítulo de nuestra particular historia interminable.
Con los dedos cruzados, trataremos de que no se alteren mucho el resto de los contenidos que hemos preparado a lo largo de esta semana extraña en medio de una inevitable sensación de provisionalidad.
Nos escuchamos. (leer más)
Si diera menos vueltas a las cosas, tiraría por la calle de en medio y explicaría con el autobombo de rigor y los tópicos al uso que esta pica en la Red es un punto-de-encuentro, un espacio-abierto-a-la participación-libre-y-plural y yo qué sé qué más vaciedades presuntuosas y falsas como la sonrisa de un prestamista.
Pero no. El ombligo me lo tengo muy visto y mi sentido del pudor me impide comerciar con el humo de una fogata que aún no he prendido, así que confieso con humildad que este pergamino del siglo XXI que empezamos a escribir contendrá, esencialmente, material absolutamente prescindible. Ni informaciones infalibles de-buena-fuente-te-lo-juro sobre el Proceso, ni confidencias pata negra (de no lavarse será) acerca de la vida y la paravida política, ni globos sonda, ni fórmulas magistrales para las hemorroides.
Me gusta... - Marian Aguirre - 2008-06-28 13:44:09
Hugo de la Calzada - creditos - 2008-06-27 11:52:45
Injurias a España - Óscar López - 2008-06-15 21:49:14
Tiempo de caramelos - ricardo venegas - 2008-06-11 00:47:50
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