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A cubierto, que llega la izquierda

Andan algunos medios de comunicación especialmente estimulados estos días debido a que un grupo de notables está conjurándose para conformar un nuevo partido político. Aún no tiene nombre, ni militancia, ni principios más allá de que es "contra ETA y para defender la unidad de España desde la izquierda". Lo promueven gentes de tantas convicciones izquierdistas en la actualidad como Rosa Díez, Fernando Savater y Carlos Martínez Gorriarán. Además, mantienen contactos con Ciutadans de Catalunya, ese fenómeno político de primera magnitud, que ya anda en peleas internas, y que tiene una relevancia inusitada si recordamos que son 3 escaños en el Parlamento de Catalunya que, en total, tiene 120.

  

Hay algunos nombres que suponíamos que iban a estar vinculados a este nuevo partido que surgirá en otoño porque, en definitiva, las personas conocidas de Basta Ya o el Foro Ermua en los últimos años han sido las mismas, pero al parecer ya existen desmarques. Ayer, Antonio Agirre, militante del Foro y del PSE, declaraba asumir "íntegramente los principios que han sido publicados en los que se basaría el nuevo partido, que son los mismos que yo llevo defendiendo en el PSOE desde hace años". Sin embargo, prefiere seguir defendiendo sus ideas "dentro del PSOE como llevo haciendo desde hace 30 años". O sea, uno menos. Lo mismo podemos pensar de Iñaki Ezkerra, columnista de El Correo Español, porque va en las listas del Partido Popular en estas elecciones y, además, el viernes dijo en un mitin que el PP es el único partido de izquierdas que queda en el País Vasco y en España, como pudimos escuchar en el Skaner. Tampoco a Gotzone Mora le interesa este proyecto.

Informaba El Mundo en su edición del martes que otra las aspiraciones del nuevo partido es la de promover una reforma de la Ley Electoral que sirva para «impedir expresamente el peso excesivo» de los nacionalistas en el Congreso de los Diputados «y las distorsiones que imponen al sistema constitucional y a la voluntad ciudadana expresada en las elecciones, como ha ocurrido con la reforma del Estatuto de Cataluña».

En el caso de Rosa Díez, no es de extrañar que desee un nuevo reto: intento ser secretaria general del PSE, y quedó de última; intentó ser secretaria general del PSOE, y quedó de última y, desde entonces, ha criticado día sí y día también a los socialistas sin ababdonar el partido ni, mucho menos, el escaño que ocupa en Estrasburgo. Quizá tampoco extraña en el caso de Savater, que vivió su momento de gloria antes de que su entente PP-PSE fuera volteada en las urnas por Ibarretxe el 13 de mayo de 2001, pero sí cabría señalar que al principio del proceso, tras el alto el fuego permanente de ETA, Savater dio una ciaboga de 180 grados y comenzó a publicar artículos elogiosos para con Zapatero y sus intentos por llegar al final de la violencia.

Según me consta, el Presidente español se dedicó en las semanas previas y posteriores al comunicado de ETA a reunirse en Moncloa con periodistas e intelectuales varios para explicarles su proyecto y tratar de recabar adhesiones. A Savater le convenció por unos meses, pero a otros se los ha ganado para siempre, como a José María Calleja, que quién le ha visto y quién le ve. Otros iban a Moncloa ya convencidos de que había que intentarlo y, si es conveniente en el futuro, ya podremos dar algún nombre más de aquellas reuniones en Moncloa durante el tardo-invierno y la primavera de 2006.

El caso ahora es que llega la izquierda transformadora a disputarle al PSOE, a Izquierda Unida y a los abertzales progresistas un espacio político que creíamos que no existía. De hecho, hasta ellos mismos deben de creer lo mismo porque volviendo a la información de El Mundo, declaraban el martes: «Es más, si vemos que no conseguimos concitar una base social suficiente, no nos presentaremos y aparcaremos el proyecto», sentenció ayer uno de los principales promotores del nuevo partido político.

Igual votos no tienen muchos, pero altavoces no les faltarán.


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